Vamos a rescatar libros perdidos. Enterrados en el subsuelo. Olvidados en los estantes polvorientos. Carbonizados por el fuego de la intolerancia. Silenciados. No reeditados por la negligencia o la mala intencionalidad de sus editores. Censurados por obra y gracia de la inquisición, del poder político, del clan dominante en un entorno social, o por las religiones absolutistas.
domingo, 30 de septiembre de 2012
lunes, 24 de septiembre de 2012
Los misterios de la Inquisición
En la campaña de descrédito a la Inquisición española, fomentada por los
intelectuales occidentales a lo largo del siglo XIX he descubierto este libro escrito
por un enigmático y desconocido M.V. de
Fereal. Un folletín, didáctico y popular, con moraleja incluida, que ilustra
con una prosa postromántica los entresijos de la Inquisición española, actuando en la
ciudad de Sevilla, en pleno reinado del emperador Carlos V, contra un grupo de mujeres que no hacían otra cosa
que vivir de forma candorosa en una sociedad marcada por el oscurantismo. Un
novelón folletinesco, típico de la época, editado por la popular editorial
barcelonesa Casa Maucci.
Parece un libro de encargo, escrito posiblemente por un ‘negro’ al servicio
del editor italo-español Emanuele Maucci,
personaje establecido en Barcelona en 1892, después de haber aprendido el oficio de
impresor en Paraguay, Buenos Aires y México y que fundó una editorial con una doble intencionallidad aparentemente contradictoria: difundir las ideas del progreso decimonónico y las del esoterismo de las grandes ciencias ocultas,
por medio de la cultura de consumo. Pero no. Este folletín se debe a la fantasía de una escritora austro-húngara, de nombre Irene de Suberwick, que utilizaba el seudónimo de Viktor von Féréal (traducido al español Víctor de Fereal), que usaba el francés como lengua literaria y era la amante de un militar liberal español que desmontó, hacia 1840, a una banda de criminales organizados, conocida con el nombre de la Garduña, y cuyos orígenes son descritos en este relato.
Casa Maucci editó durante 40 años (1892-1936) obras basadas en criterios
liberales y de 'progreso', a través de traducciones de escritores de procedencia
francesa, de literatos surgidos de los países hispanoamericanos, sobre todo de
poetas no reconocidos por la cultura oficial hispana y apoyó a novelistas
españoles, enmascarados folletineros, que se escondían bajo el seudónimo para firmar
sus panfletos y cobrar míseramente su producción escrita.
‘Misterios de la Inquisición de España’,
es una verdadera joya, tremendista, sarcástica, moralista, con un tinte anti-conservador,
muy al gusto de lo que muchos lectores de la época pedían y querían leer sobre
la denostada inquisición española, de sus culpas y atrocidades cometidas. Dar continuidad a la inefable Leyenda Negra anti-española, en definitiva... Era un tema de 'moda en aquellas décadas. Aunque la edición que presentamos en este artículo es la del año 1900, esta novela fue editada por primera vez en España en el año 1869, tras la Revolución que destronó a Isabel II. Entonces, Juan Pons, librero barcelonés, fue el impresor de este novelón, que reeditó con soberbios dibujos de Eusebio Planas en cuatro ediciones consecutivas de gran éxito. A finales de siglo, el oportunista Manuel Maucci logró traducir de nuevo la obra y reeditarla con nuevos grabados, que quedaron retenidos en la memoria colectiva de las clases populares a lo largo del siglo XX.
Como dice la misteriosa autora al final dela novela, y a modo de moraleja,
cuando tranquiliza a sus lectores al recordarles que por suerte, en España,
desde 1821 no existe la Inquisición, señala, advirtiéndoles: “…con todo, los inquisidores han dejado muchos sucesores de sus
mostruosas doctrinas, sacerdotes fanáticos, aventureros soldados a la fe,
ardientes familiares de la Santa Sede, feroces genízaros del Papa, que quieren
gobernarlo e invadirlo todo en nombre de la religión (…). Pero se encontrarán
felizmente hombres prontos a sacrificarlo todo para quitarles (a los neo-inquisidores)
su infame máscara.”
¡Cuanta razón tenía la misteriosa dama literata! [aplicable a otras religiones y demás demagogias políticas 'monoteistas']
¡Cuanta razón tenía la misteriosa dama literata! [aplicable a otras religiones y demás demagogias políticas 'monoteistas']
viernes, 31 de agosto de 2012
‘Prosodia’ de Emanuel Alvarez
Estaba perdido en la ‘biblio’
del caserón de ‘veraneo’ de mi abuelo. Lo he rescatado por casualidad. Creo que
es el más viejo que tenía el ‘viejo’ en su desordenada biblioteca. Desconozco como
debió llegar allí este librito, ni como lo consiguió. Nunca tuvimos oportunidad
de comentarlo. No sé por qué lo tenía. Pero estaba allí, estrujado entre dos
tomos de Descartes. Como si quisiera estar protegido, en su paso por el tiempo,
dentro de la razón cartesiana.
Es un librito de pedagogía.
Se llama ‘Prosodia’. Una reliquia. No por lo que dice, ni por su contenido,
sino por el cómo se ha conservado. Su autor debió ser un maestro de gramática
parda, un tal Emanuel Alvarez. Tocayo del fotógrafo mexicano que vivió con Eisenstein
y Buñuel, en sus éxodos americanos. Pero no. Es de un jesuita portugués, nacido en la isla de
Madeira, al servicio jesuítico del imperio español de los Austrias. Un rescate
que realizo, no por el contenido del libro, muy académico, escolar y pedagógico,
sino -como digo-, por el valor bibliográfico que representa. Está impreso por
la Universidad de Cervera, por un tal Manuel Ibarra, lo que me hace pensar que debió ser publicado durante
los primeros años del siglo XVIII, cuando los Borbones se entrometieron en
España.
jueves, 23 de agosto de 2012
El libro caligráfico de José Osés
Hemos encontrado un libro en el
subsuelo más profundo. Se titula ‘Grandezas de la Vida Humana’. Nos ha
sorprendido, por lo inaudito que representaría hoy un libro de esta clase y
suponemos que también sorprendió en su época. Anacrónico y algo ultramontano,
revela la paranoica obsesión de su autor por la conservación de lo más trasnochado.
Se trata de la obra de un oscuro
maestro nacional de las escuelas de Barcelona de comienzos del siglo XX. Su
nombre José Osés Larumbe, un enquistado
pedagogo que se puso en contra de todo el ‘staus quo’ de la ciudadanía
barcelonesa de su época, progresista, liberal, libertaria, cosmopolita y que cuando
se instauró en el año 1932 el Estatuto Republicano de Catalunya se atrevió a
decir que ‘La nación catalana no ha
existido nunca’, y publicó un libelo defendiendo esta tesis. No vamos a
hablar de ese folletón, de unas 35 paginas, sino del libro que hizo como
maestro y pedagogo, para la lectura de los alumnos que cursaban los entonces “grados
cuarto y sucesivos”.
En su convencimiento de que los
alumnos tenían que aprender a leer en cualquier tipo de tipografía, elaboró un
libro, verdaderamente excéntrico, editado por una imprenta con sede en la calle
Fernando, numero 43 de Barcelona, la Imp. Hijo de Roca y Bros, de textos para
lectura, escrito con letra manuscrita. La temática de los textos es de lo más
variado, el propio autor dice que “son
textos enciclopédicos y amenos, para estimular el intelecto al posible alumno
lector”.
Dejando a parte su contenido
ideológico, hoy veo esta publicación como un auténtico testimonio de la
caligrafía al uso en tiempos pasados y que vale la pena recrearse. Es un libro
de “caligrafía editada”. Una reminiscencia de lo que es “el arte de escribir con letra bella y correctamente ejecutada”, tal
como define el Diccionario de la Real Academia Española.
En el libro vemos y podemos
analizar el carácter de este ‘escribidor’ empleando a voluntad las distintas variantes de caligrafía latina,
desde la gótica más clásica como la textura, a la rotunda, la bastarda, la itálica,
la redondilla inglesa, o la cursiva española.
Por descontado este personaje
tuvo en su contra a toda la inteligencia del ámbito de la enseñanza del
momento, desde sus colegas más integrados con el sistema educacional de la
época, a los más contestatarios y transgresores de los métodos de enseñanza, en
una ciudad donde se experimentaron muchos y variados sistemas de Educación.
Un retrogrado que vale la pena
conocer. Si no más, para comprobar como se escribía con pluma o lápiz carboncillo,
sobre un trozo de papel. Es decir, caligráficamente. Un arte que en Occidente se
está perdiendo. Escribir bellamente letra sobre letra puede hoy resultar anticuado,
cuando la tecnología del teclado se ha impuesto en toda la enseñanza. Pero sin
duda, queda como una expresión artística y de disciplina creativa. Aunque
muchos crean que pensar en ello es anacrónico.
lunes, 30 de julio de 2012
Cisne envidiado, diablo engañado
La moral tradicional tuvo una
edad de oro con una pléyade de brillantes panegiristas católicos a principios del siglo
XX.
Esta visión pedagógica para encauzar comportamientos humanos, dar carácter a las personas, ennoblecer las virtudes de las gentes y los pueblos se ha desmoronado ante el relativismo actual.
Hoy he descubierto este librito que entronca con la tradición más positiva y cristiana de la Catalunya de principios del siglo XX. Seguidora de la moral balmesiana, e impregnada por el estilo marcado por obispos como Josep Torres i Bages o su antecesor, Josep Morgadas, ambos guías espirituales de la zona de Vic, y donde este último llegó a ser obispo de Barcelona, o de los valencianos Joan Lagarda y el 'obispo viudo' Enric Reig, ambos obispos de Barcelona en los caleidoscópicos años del primer tercio del siglo XX, una ciudad referencia de anarquistas, pistoleros, burgueses, artistas, bohemios, juego, prostitución, industriales, comerciantes y portuarios.
Todos estos eclesiásticos apostaron por proyectar la moral cristiana entre las descreídas capas del pueblo de la sociedad y optaron por difundir una moral natural, abierta, evitando confrontaciones con otras moralidades, también positivas de la época.
Producto de esta pedagogía propagandística es este librito escrito por el sacerdote, organista y rimólogo de Manlleu (Vic), Joan Punti i Collell, en el año 1929, donde lo verdaderamente impresionante de esta publicación no lo es tanto el texto literario, sermonón y aburrido, un poco pesado y rutilante, si no los dibujos que acompañan a estas moralejas, que sintetizan en cuatro viñetas todo el discurso moral del eclesiástico.
Esta visión pedagógica para encauzar comportamientos humanos, dar carácter a las personas, ennoblecer las virtudes de las gentes y los pueblos se ha desmoronado ante el relativismo actual.
Hoy he descubierto este librito que entronca con la tradición más positiva y cristiana de la Catalunya de principios del siglo XX. Seguidora de la moral balmesiana, e impregnada por el estilo marcado por obispos como Josep Torres i Bages o su antecesor, Josep Morgadas, ambos guías espirituales de la zona de Vic, y donde este último llegó a ser obispo de Barcelona, o de los valencianos Joan Lagarda y el 'obispo viudo' Enric Reig, ambos obispos de Barcelona en los caleidoscópicos años del primer tercio del siglo XX, una ciudad referencia de anarquistas, pistoleros, burgueses, artistas, bohemios, juego, prostitución, industriales, comerciantes y portuarios.
Todos estos eclesiásticos apostaron por proyectar la moral cristiana entre las descreídas capas del pueblo de la sociedad y optaron por difundir una moral natural, abierta, evitando confrontaciones con otras moralidades, también positivas de la época.
Producto de esta pedagogía propagandística es este librito escrito por el sacerdote, organista y rimólogo de Manlleu (Vic), Joan Punti i Collell, en el año 1929, donde lo verdaderamente impresionante de esta publicación no lo es tanto el texto literario, sermonón y aburrido, un poco pesado y rutilante, si no los dibujos que acompañan a estas moralejas, que sintetizan en cuatro viñetas todo el discurso moral del eclesiástico.
De un valor expresivo y artístico formidable, las fabulosas ilustraciones que realizó el
dibujante Joan García Junceda, dan
fuerza, por si solas a la moralina servida por el autor de estas ‘Faules i Moralitats’
(Fabulas y Moralejas). Un libro donde casi sobra la literatura y que se sostiene por
la maravillosa ilustración de un artista genial y único.
.
LA EDICION ORIGINAL DE 1930: EL PRIMER VOLUMEN DE LA COL·LECIÓ ROSELLES
La primera edición de este libro de moralejas se publicó en el año 1930, obteniendo su 'nihil obstat' episcopal por el censor Joan Tusquets Terrats - no podía ser menos en un libro de marcado cariz católico-, en diciembre del año 1929.
Estaba integrado en la colección "Roselles", editada por la Editorial Balmes, en su linea Foment de la Pietat. Enseñamos detalles de esta primera edición del librito.
sábado, 9 de junio de 2012
Con un trío de escritores nada subterráneos
![]() |
| Julio Murillo, junto con Angel Joaniquet |
He coincidido esta semana de
forma casual con tres escritores a los que admiro desde que les leí su primer
libro. Ha sido en la presentación de la novela El club de los filósofos asesinos, del publicista y periodista Julio Murillo, que acaba de editar, un relato pasado por el barniz del género negro, de ‘thriller’
francés, o mejor dicho de ‘roman noir’, ambientado en París, surgido de la
indignación, y publicado en un momento de cabreo generalizado, tanto del propio
escritor, como por la sociedad sumida en
la postración más resignada.
A Murillo lo descubrí cuando leí su libro Shangri-La. De esto hará cuatro años. Pero lo más cachondo de dicha
presentación es que allí encontré, a
parte del escritor por el que se hacia el acto del libro, a otros
dos escritores que no esperaba verlos allí, y a los que admiro desde hace
tiempo. Allí estaban José Luís Múñoz, al que leí por primera vez en un lejano
año de 1988, cuando me cayó su novela Barcelona Negra, una auténtica narración
de libro subterráneo amarillo, a pesar de que en su momento ganara el premio
literario Azorín de novela, auspiciado por la Diputación de Alicante, y a Angel
Joaniquet, al que tengo un sumo respeto por sus escritos sobre piratería y temas marítimos,
al que descubrí hace diez años , cuando publicó su libro en catalán Pirates i
Corsaris, y con el que mantengo un feeling especial desde que nos pusimos en
contacto y me permitió subir algunas de sus obras en este blog.
A ambos, sinceramente, no esperaba encontrarlos en este acto. Pero allí
estaban. Uno [José Luís Múñoz] como
presentador y como padrino del autor y de
la obra que se daba a conocer (El club de los filósofos asesinos), el otro
[Angel Joaniquet], por ser amigo desde la adolescencia del autor Julio Murillo,
y compañero suyo de universidad, -por lo que me dijeron-, cuando ambos estudiaban
Ciencias de la Información en la Universidad Autónoma de Barcelona.
Me conmovió el encuentro, verdaderamente casual, ya que nunca pensé que este triángulo de escritores, a quienes venero, podría verlos y autorelacionarlos en un mismo espacio y en un mismo tiempo, recreado para dar a conocer un libro recién editado: El club de los filósofos asesinos.
Para inmortalizar el encuentro de estos amigos, casi desde la infancia, les hice una foto para la eternidad.
Me conmovió el encuentro, verdaderamente casual, ya que nunca pensé que este triángulo de escritores, a quienes venero, podría verlos y autorelacionarlos en un mismo espacio y en un mismo tiempo, recreado para dar a conocer un libro recién editado: El club de los filósofos asesinos.
Para inmortalizar el encuentro de estos amigos, casi desde la infancia, les hice una foto para la eternidad.
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| La portada del libro presentado, editado por MR |
![]() |
| Un momento de la presentación de la novela El club de los filósofos asesinos |
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| Primera novela que leí de Múñoz en el año 88 |
![]() |
| Primera edición del libro que editó Jucar Ediciones y Paco Ignacio Taibo II |
sábado, 2 de junio de 2012
Libro gótico que habla de ermitaños
En muchas casas vetustas, ocupadas por jóvenes rebeldes, se encuentran abandonados en estanterías polvorientas multitud de libros góticos. “Góticos” en el sentido de libros propagandistas del antirracionalismo fomentado a mediados del siglo XIX y contrario a la ilustración que surgió en el iluminado Siglo de las Luces. No como "novela gótica", arrancada por Horace Walpole, Jan Potockin o Charles Maturin, sino como propaganda católica contraria a las ideas pecaminosas de su denostado XVIII, y que en el fondo reivindica un retorno a las esencias cristianas, como remedio al volteranismo que impregnó la inteligencia europea y americana del siglo XIX.
En una de estas casas ocupadas he
encontrado un librito, que bajo el formato de narrar pequeños relatos, describe
las halografías de los primeros eremitas, unos marginados críticos, surgidos
del caos social y emotivo que vivía el imperio romano en su vertiente oriental,
concretamente en al zona egipcia y cananea y que llenó de jóvenes airados los
desiertos de Tebas y Nubia durante el siglo IV, para dormir a la intemperie, querer ser pobres de solemnidad y vivir como ermitaños. Describe las historías de
muchos hijos de importantes patricios de
la Roma del Tíber, incluso de sus mujeres, hijas o sobrinas, que huyeron de la gran urbe, para perderse en
los desiertos soleados de la Tebaida egipcia o en los desolados parajes de la Transjordania, en un acto supremo de libertad individual.
Con un estilo y muy panagerista, -palabreja que me entusiasma usar y abusar en este blog de libros del subterráneo-, muy pedagógico, ya que son historietas contadas por una abuela a sus nietos, conocemos las vidas de San Pablo el primer 'Ermitaño', de San Antonio, el 'de los cerdos', de San Hilarion, de San Teodulo, de San Pacomio, de San Arsenio, de San Eutimio, de San Simeón el de la columna, o Estilita, de San Macario el 'Dichoso' y muchos más varones fanatizados por el Sol y la soledad, e incluso las vidas mís íntimas de mujeres que se dejaron arrastrar por esta borrachera mística, y abandonaron su confortable vida de patricias romanas, a sus esposos e hijos, como Santa Paula y su hija Eustaquia, o María Egipciaca, para adentrarse en la tinieblas luminosas del desierto.
Con un estilo y muy panagerista, -palabreja que me entusiasma usar y abusar en este blog de libros del subterráneo-, muy pedagógico, ya que son historietas contadas por una abuela a sus nietos, conocemos las vidas de San Pablo el primer 'Ermitaño', de San Antonio, el 'de los cerdos', de San Hilarion, de San Teodulo, de San Pacomio, de San Arsenio, de San Eutimio, de San Simeón el de la columna, o Estilita, de San Macario el 'Dichoso' y muchos más varones fanatizados por el Sol y la soledad, e incluso las vidas mís íntimas de mujeres que se dejaron arrastrar por esta borrachera mística, y abandonaron su confortable vida de patricias romanas, a sus esposos e hijos, como Santa Paula y su hija Eustaquia, o María Egipciaca, para adentrarse en la tinieblas luminosas del desierto.
El libro se llama “Sencillas
historias de los padres del desierto contadas por una abuela a sus nietos”,
aunque el editor lo simplificó con el nombre de Sencillas Historias de los
Padres del Desierto . El nuevo y más escueto título ya lo dice casi todo. Incluso podría espantar
a más de uno. Pero una vez te adentras en la narración descubres verdaderas guindas,
que sirven para evocar aquel mundo post-romano, y pre-cristiano que hervía en el
caluroso Egipto. Los relatos escritos por Francisco Navarro, un intelectual de
la vieja guardia católica de finales de siglo XIX, los conocidos como tradicionalistas ultramuntanos, y
que fue diputado en las Cortes de Madrid, dedica el libro a las carmelitas de Ocaña, seguidoras
de la feminista y andrógina Santa Teresa de Jesús, por sus virtudes y
angelicales costumbres, que según confiesa el autor, le hizo descubrir las grandezas de la vida
monástica.
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