martes, 18 de junio de 2013

Enciclopedia de l’Esport Català: Un libro nada subterráneo

Angel Joaniquet, colaborador de la Enciclopedia, mirando uno de sus tomos







Ha sido un acto entrañable. Casi íntimo. Pero multitudinario. La familia del deporte catalán es numerosa. Y con unas raíces muy consolidadas. Cataluña es un país con una tradición deportiva que la convierte en un caso muy especial en el ámbito del deporte mundial. Ha sabido vertebrar y generar verdaderas sagas deportivas que han trasmitido la cultura y la filosofía del deporte generación tras generación

Y este ambiente se notaba en el acto, organizado por la editoral Enciclopèdia Catalana, para presentar en sociedad su nuevo tesoro bibliográfico, la Enciclopèdia de l’Esport Català. Una obra que reúne de una forma sistematizada el 'saber hacer', la memoria colectiva, el acta notarial del deporte catalán. Deportistas de todas las edades, clase y condición, personalidades de la edición y del periodismo catalán, gentes de la sociedad civil y económica estaban allí. Un emotivo encuentro en el Palau de la Generalitat, y todos unidos por la presentación de esa obra que la convierten en única en su género.

No es normal hacer una enciclopedia del deporte. Solo en sociedades muy maduras, donde el deporte forma parte de su esencia y tradición, puede permitirse este lujo. Cataluña lo ha hecho, porque el deporte para este país no es una cosa nueva, le viene de muy lejos, no es una moda ocasional, momentánea, ni pasajera, sino un hecho muy real enzarzado en su sociedad de forma natural. Y con ello se demuestra su potencial.

Un obra que servirá para no perder la memoria histórica del deporte catalán. Como hemos comprobado, mirando la edición de la obra, se ha realizado un extraordinario trabajo de campo, entrevistando centenares de deportistas que han dejado su testimonio para cimentar la base de la historia del deporte catalán. Una tarea ingente, realizada por sus colaboradores, salidos de lo mejor de la sociedad deportiva y publicista catalana, que han trabajado para hacer realidad este proyecto, con personas de la categoría de Carles Santacana impulsor y director de la Enciclopedia, Roser Pubill  y Mariona Cabana, como editoras, Ester Bonet coordinadora desde la UFEC (Unió de Federacions Esportives de Catalunya) de esta obra, así como del compacto y seleccionado ‘etc’ de colaboradores y publicistas que han trabajado en este proyecto.

Entre ellos está nuestro amigo y colega Angel Joaniquet, que ha redactado varias entradas y que como muy bien nos dijo, y lo pudimos leer a través de su twitter horas antes del acto de la presentación: “la Enciclopedia de l’Esport Català es una obra magistral, de una envergadura extraordinaria, digna de un país con cultura deportiva. La cultura enciclopedista sintetiza, da forma y pone orden a la realidad difusa, flexible y a veces abstracta. Con esta obra, con más de 18.mil entradas, 10 mil biografías, 2.640 páginas se pone blanco sobre negro el inmenso caudal, la importante riqueza, del deporte catalán. Catalunya ha ‘formateado’ su cuantiosa riqueza deportiva con esta enciclopedia.”

Nunca mejor dicho.

'tweets' de Angel Joaniquet, del dia 17 de junio, horas antes de la presentación de la Enciclopèdia Esport Català
Todo el deporte catalán participó en la presentación de la Enciclopedia

viernes, 26 de abril de 2013

Olvidados: 'Umbrales' y 'Fernándezs'

 
Manuel Fernández y González, olvidado





Como ha dicho alguna vez el escritor chileno Jorge Edwards ‘Los escritores que luchan por ser conocidos y recordados me dan un poco de risa’. Una risa propia de un jocker de la cultura, cómodamente asentado en el podio de la complacencia. Porque en relación con  muchos asuntos literarios, y sobre todo de autores que en su día fueron consagrados y reconocidos, soy de la opinión de Arthur Schopenhauer que en una de sus muchisimas citas dignas de figurar en un libro de autoayuda señaló que: ‘desear la inmortalidad es desear la perpetuación de un gran error’.

Esto viene a cuento tras una conversación que he mantenido con mi padre, persona de edad y escritor aficionado, recopilador de biografías de personajes antaño y olvidados. Hemos recordado, pasada la jornada del Día del Libro, la anécdota ocurrida años atrás de como un escritor (el vallisoletano Francisco Umbral) que necesitaba vivir de las ventas de sus libros, para sobrevivir en su machacada existencia, se cabreó como un selenita porque una sabionda presentadora de un programa televisivo no le daba cancha para poder hablar de un libro que acababa de publicar. También hemos recordado a otro literato, Manuel Fernández-González, un olvidado, que lo fue todo cuando vivió.

Del primero, del vallisoletano, hemos rememorado aquella anécdota cuando acudió al plató televisivo para promocionar su última novela. No necesitaba halagos ni otras florituras hacia su persona. Simplemente tenía necesidad de comer, y poder pagar su dosis de alcohol nocturno que le pedía su organismo machacado. Su necesidad imperiosa para sobrevivir le obligaba a redactar cada día  un artículo que publicaba en el diario que, como recogido en un asilo,  le permitía continuar y ‘tirar palante’, con un cierto decoro y una dignidad humana. Ser respetado como animal literario a cambio de unas cuantas monedas que le ingresaban cada final de mes en su cuenta bancaria.

Realmente en aquel momento 'le importaba un huevo salir por la tele', que lo vieran millones de televidentes, que lo halagaran como hombre de la cultura reconocida. Y menos le importaba si era valorado como gran autor en un futuro próximo o lejano. Su necesidad era, en aquel momento,  más vital , más prosaica. Más cotidiana. Más simple: conseguir dinero. Por ello solo quería hablar de su libro, promocionarlo, y que la gente supiera que estaba ya a la venta.

Del segundo escritor, el sevillano, Manuel Fernández y González, quiero recordarlo en este post como un célebre novelista en su momento, -posiblemente el más popular de su época- hoy totalmente olvidado. Vivió entre 1821 y 1888 y su recuerdo perduró hasta los años veinte del siglo XX. En la actualidad solo es el nombre de una calle madrileña y otra en su Sevilla natal. Hemos estado hablando de él, de forma amplia y tendida, reflexionando sobre el olvido, hace pocas horas con mi padre. Fernández-González fue un literato prolífero y de ingenio innato, con una importante producción de obras de todo género. Dicen que escribió más de 600 títulos y ganó una gran fortuna que dilapidó con sus extravagancias y rarezas de bohemio dadivoso.

Nunca se preocupó en pensar en la posteridad. Vivía el presente. Escribir  para poder vivir,  ésta era su ‘divisa’, confeccionar novelas populares como ‘El cocinero de Su Majestad’ ‘José María el Tempranillo’,’ El rey de Sierra Morena’, para ser compradas, leidas y tiradas.

Hoy muchos escritores luchan por ser reconocidos y recordados en el futuro, sin  una obra que refleje una necesidad vital de supervivencia. No escriben para vivir, sino viven par escribir. Gran error. Escritores de cartón piedra, verdaderos vanidosos que solo juntan palabras para  eternizarse, sin decir en realidad nada de nada. Nada que valga la pena. Mísera vanidad. Los escritores sinceros son aquellos juntan palabras para vivir.

viernes, 29 de marzo de 2013

El celler del Rial

Enric Coderch vuelve a dar vida al Celler del Rial de Arenys de Mar




Un buen libro es como una buena bodega. O una buena bodega es como un buen libro. ‘¡Que tanto monta, monta tanto!’, como dijeran Isabel y Fernando. En un libro hay capítulos que nos hacen revivir situaciones olvidadas, párrafos que nos producen ensueños ocultos, frases que nos trasladan a evocar vivencias muy poco presentes. También una buena bodega nos lleva a revivir sensaciones similares. Unos espacios, que por imperativos de la modernidad, están desapareciendo de nuestros lares.

A través del zumo de Baco, ‘alma mater’ de toda buena bodega, alcanzamos la libertad, gracias a sus licores y a las tapas que acompañan el espiritoso elemento. Todo espacio dedicado al vino es lugar de culto en la vida cotidiana del hombre Mediterráneo. Un templo sagrado que está en vías de extinción.

Hoy hemos tenido la suerte de vivir un momento mágico. Magnífico. En la localidad marinera de Arenys de Mar se ha reabierto una bodega. Una bodega clásica, nada de local funcional ni post moderno.  ¡No!. Se ha reinaugurado una bodega como las de antes, amplia, de techos elevados, con cubas para almacenar vino añejo a granel, barra larga para servir y exhibir todo tipo de tapas, mesas de mármol, terraza en la riera frente la puerta del local. Una magnífica escenografía preservada y respetuosa con el ideario de tal como se concibió este espacio décadas atrás.

La iniciativa ha venido de un buen amigo, Enric Coderch, dinamizador de otro espacio, el Espai Gastrònomic d’Arenys de Mar’, dedicado a enaltecer los sentidos gustativos y del paladar. Con su nuevo proyecto,  el Celler de Rial’, lo que ha pretendido, nos comenta, “es recuperar el espíritu de la bodega mediterránea, como lugar de degustación de bebidas y tapeo en todo momento, hacer el vermut del mediodía, poder degustar un buen carajillo y disfrutar de un combinado a mediatarde o por la noche, respetando la estética original de estos locales, y donde se pueda hablar, conversar, saborear, filosofar”.

En definitiva recuperar un espacio, conservando su autenticidad primigenia. Porque las bodegas, en el fondo son eso, lugares de culto y cuna del arte y la literatura, sitios idóneos ‘per a fer petar la xerrara’. No ha sido casualidad que en la reinauguración de esta local hayamos encontrado a gente creativa, empresarios, artistas, personajes del mundo de la moda, amigos, gente de mar y parroquianos del Rial, todos ellos con el común denominador de saber valorar lo que de auténtico ha de tener una bodega de riera mediterránea.

En la inauguración vimos a la cronista de moda Alicia Miralpeix y al grafista Manué, que decorará con sus tizas el local
 

viernes, 21 de diciembre de 2012

Una joya doble: Panaït Istrati + Helios Gómez



La producción editorial del libro popular y de gran consumo vivió un periodo de plenitud y creatividad desenfrenada durante el primer tercio del siglo XX en Barcelona. Contenidos literarios, eficazmente envueltos con dibujos excepcionales, sedujeron a multitud de lectores a adquirir estas publicaciones. El mérito de los ilustradores, no suficientemente valorados, incluso menospreciados en su momento de creatividad, conformaron y dieron la imagen y el gancho para el público lector devorara esta literatura puesta a su abasto, de forma barata y atractiva.


La mayoría de estas obras fueron escritas por auténticos colosos del mundo de las letras, que tuvieron éxito popular y mediático, pero tan efímero, que muchos al cabo de pocos años pasaron al olvido más vil y humillante. Y algo parecido pasó con los artistas que ilustraban estas obras para la industria editorial del momento.

Sorprende hoy día encontrar en el estante perdido, libros donde se conjuga de forma exquisita ilustración con contenido narrativo. Y sorprende más el hecho de que nos sorprendamos ante este arte deslumbrante de las cubiertas dibujadas que daban fuerza a las publicaciones de los autores editados. Admiro este periodo de simbiosis tan perfecta entre editores, escritores ilustradores.

Hoy he descubierto un libro, 'Las narraciones de Adrian Zograffi: Domnitza de Snagov', del cual no sé si he valorado más su ilustración de la cubierta, el fuerte contenido del mismo o el acierto del editor en reunir esta simbiosis.

Como se ve, juego con una cubierta, un grabado, del genial Helios Gómez. De él, ya conocía su talento, gracias al libro que se publicó en el año 1930 ‘De Boston a Barcelona, un periplo por el Atlántico’, de Enric Blanco, y que teníamos en el estante del pasillo. Del contenido literario de 'Las narraciones de Adrian Zograffi: Domnitza de Snagov', el largo título de este libro, decir que se trata de unas narraciones, escritas en 1926 en Niza, y editadas en 1929 por Editorial Lux en un alarde de valentía. Son unos relatos magníficos, díficiles, con toda la expresividad que los convierten en impresionantes. Fuertes, consecuentes, sinceros, que después de leerlos he quedado, francamente, anonadado. Brutales.

No tenía referencia,de este autor,  para mi desconocido, un tal  Panaiz Iszrazi, un rumano balcánico ,y que en occidente se le conoció como Panaït Istrati.


Pero cuando he leído esta serie de cuentos crueles –género menos preciado, pero quinta esencia de la prosa más dinámica, libre y creativa - y me he adentrado en la vida y obra de este escritor, no he tenido ninguna duda. Es un gigante y, creo, uno de los grandes defenestrados de la literatura universal, y por ello digno de ser reivindicado. Un olvidado, a pesar de su efímera popularidad en la década de los años treinta, precisamente cuando sus obras se tradujeron del francés al castellano, y conmovieron las conciencias de los lectores de la sociedad republicana española, y del que no hay justificación alguna para entender el ostracismo al que ha sido sometido.

Solo lo entendemos, si sabemos que este balcánico latino, tuvo vocación de nómada, de idealista, de hombre que no soportaba las injusticias, que cuando le vino la ocasión de ser vanagloriado, despreció los halagos, y no tuvo ningún inconveniente de ser sincero y denunciar lo que creía era injusto e inmoral con la dignidad del hombre y enfrentarse al poder que lo encumbraba.

A través de un grabado de Helios Gómez, he descubierto a todo un monstruo de la literatura europea del primer tercio del siglo XX. Como les pasó, supongo, lo mismo con muchos de sus coetáneos.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Botánica oculta de Paracelso Perucho



El gusto por la botánica me la inculcó un excéntrico profesor de ciencias naturales que tuve durante mis años de bachiller. Se llamaba Soler y me abrió la curiosidad por el mundo científico y natural. Al igual que el profesor Llopis me lo abrió al mundo de la literatura y lo inmaterial, cuando quedé fascinado por los trovadores provenzales, los pícaros castellanos, los góticos romanticistas, y el mundo que reflejó un innombrable, en aquellos años de censuras y onanismos, César Arconada.

Por ello cuando cayó por primera vez un libro de Juan Perucho me fascinó. Me sonaba su nombre. Me era familiar por ser un escribidor de una revista llamada 'Destino', que cada semana comprábamos en casa. Era una época en la que no estaba muy bien vistas estas quimeras literarias, como las que relataba Perucho en sus escritos, ajenas al mundo real, a lo socialmente imperante, tal como correspondía en una sociedad en lucha contra el fascismo. Pero, a pesar de ello, me fascinaron las palabras entrelazadas de estos imaginarios, delirantes, escritos por este personaje, de nombre Juan (Joan supongo que le habría gustado firmar), de apellido Perucho, juez de profesión (cosa que me sorprendió más al saberlo) y escribidor de arte y cosas cotidianas en aquel semanario que nos abría cada jueves a la otra realidad cultural.

No debía tener yo ni quince años cuando leí por primera vez estos relatos. Me marearon y me impresionaron. Tanto fue así que este librito, ahora oculto y olvidado, siempre lo tengo en el recuerdo y lo he conservado como una reliquía de mi saber más oculto.

Se trata de una publicación de bolsillo (16,5 x 12 cm.) editada por 'Dirosa', en el año 1969, versión popular del libro que editó 'Taber' en el mismo año, pero  con 210 páginas, cubierta ilustrada de Joan Pedragosa, con dibujos, algunos a color, en el texto y de mayor tamaño (21,5 cm.). El que aquí enseñamos tiene 160 páginas, su única ilustración corresponde a la de la portada, pero tiene el encanto de su 'lectura a ciegas' de imágentes (sin 'santos' ni estampitas), lo que hace no necesaria ilustración alguna de estos mundos vegetales.

La verdad no se como debió llegar este libro a los estantes de casa de mis padres, pero gracias a él, desde entonces, siempre he tenido un religioso respeto a toda planta, como si de un ser especial se tratase.

martes, 30 de octubre de 2012